La agricultura es una forma de vida

"la agricultura es una forma de vida", le escuché decir a un pequeño agricultor de Ovalle. En este mundo globalizado y altamente competitivo, la agricultura provista de  todos los avances tecnológicos, nos enseña que es la naturaleza quien aun controla la palanca. Si, madre natura, con sus cuatro estaciones, con el largo de los días, con el ciclo de las lluvias... Los verdaderos agricultores, y no aquellos empresarios (especuladores) que sólo buscan acrecentar su riqueza, son el testimonio viviente de una milenaria tradición. El hombre de campo respeta la naturaleza. El mirar el universo, ese orden establecido, les ha proporcionado la pauta para ordenar sus vidas. Saben que todo cultivo tiene su época, y que el éxito de cada una de las labores depende en gran medida de la fecha  en que  fue realizada. Aprovechan el día al máximo. Necesitan dormir bien. Descansar como corresponde para estar alerta a las señales del cosmos. Tal vez sea esa la razón de por qué el afuerino los vea siempre “relajados”. Lo cierto es que se encuentran en niveles de mayor armonía. La agricultura es una bella forma de vivir la vida. De esto se ha escrito bastante; uno de los mejores ensayos lo encontramos  inserto en la novela de Tolstoi, Ana Karenina. En ella el autor contrasta magistralmente la pureza de la vida del campo con la superficialidad de las cortes rusas.

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